Primer domingo de pascua 8

Padre Xavier González Tescucano
Pues eso es conformarse con la vida: Hacerse a la idea de la vida. Aceptar lo que sea y gozarse con ello, y no estar pensando en lo que no son. Gozar sus logros y aceptar con sencillez y honestidad sus limitaciones y sus equivocaciones, y concluir que después de todo, la cosa está bien. Es más positivo lo que existe, que negativo. Vamos ahora renovar nuestra promesas del bautismo, vamos a bendecir el agua y con esa agua los vamos a rociar a todos, que creo que les va a caer bien con este calorcito que hay y además, algo hermoso; esta agua va a ser el símbolo del perdón de los pecados esta mañana, porque en el bautismo se nos echó agua encima y con esa agua se nos perdonaron los pecados. Pues cada vez que tomamos agua y la depositamos en nuestra cabeza, estamos recordando nuestro propio bautismo. El día en que este pueblo esté bien educado, les pondré unas fuentes de agua hermosas. Pero no para que anden llevando el agua para sus magias y tonterías y echen afuera a los vecinos. A lo mejor a los que van a echar afuera es a ustedes, porque a lo mejor los latosos son ustedes y ustedes creen que son los demás. Pero cuando entiendan que el agua es eso, recuerdo, renovación del bautismo, no acto piadosito para echar afuera el diablo o tonterías de esas. Para recordar que somos hijos de Dios, y que en el amor de Dios hemos sido lavados de nuestros pecados. El monumento, como el año pasado, lo hizo una familia de la comunidad ayudada por otros matrimonios. La idea la entienden ustedes: Están las palomas que nos recuerdan el Año Internacional por la Paz. Que abrevan en la fuente que es la palabra de Dios, la vida de Dios. Vamos a bendecir, pues, el agua de la fuente, el agua que está en la pila normal y en la otra vasija.
Padre nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo que vela en oración, que se mantiene en oración en este día, recordando la obra admirable de nuestra creación, y la obra más admirable todavía de nuestra redención. Dígnate bendecir esta agua y el agua que las personas traigan en alguna vasija en sus manos. Tú creaste el agua para dar fertilidad a la tierra, frescura, limpieza y bebida a nuestros cuerpos. Además, has convertido el agua en un instrumento de Tu misericordia. A través de las aguas del Mar Rojo liberaste a Tu pueblo de la esclavitud. En el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed. Con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la nueva alianza que deseaban establecer con los hombres. Finalmente, en el agua del Jordán santificada por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva que nos libra de la corrupción del pecado. Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo, y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos que han sido bautizados en la noche pasada. Te lo pedimos por Cristo, el cual vive y reina por los siglos de los siglos.
Nos vamos a llevar a Cristo otra vez, pero siempre distinto, porque somos distintos nosotros, porque tenemos más ganas, porque entre más viejos vamos teniendo más experiencia, más sabiduría, más comprensión de la vida, más entusiasmo, hasta que nuestra cabeza ya no funcione, tal vez, y entonces quién sabe qué haremos. Por eso dice la Biblia con tanto realismo: Respeta a tu padre, a tu madre, aunque chocheen. Porque alguna vez chocheamos. Pero que eso sea más allá de nuestra voluntad. Que mientras seamos conscientes, cada año más de vida, más sabios, con más ánimo, con más ganas de vivir. (Fin de la Homilía). Continuará.
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