
Autor: Roberto Pedraza Ruiz
Roberto Pedraza Ruiz
En la larga historia geológica de la Tierra y desde que apareció la Vida en la misma y sus diversas manifestaciones, nunca antes se había registrado una ola de extinción tan violenta y rápida como la que actualmente atraviesa. Sobrepoblación, destrucción de hábitats, saqueo de recursos, cambio climático, contaminación, etc…, están poniendo al borde de la extinción a multitud de especies.
Para el 2050 la mitad de todas las formas de vida que se encuentran en nuestro planeta podrían desaparecer gracias a nuestras actividades y dejar un planeta escasamente funcional e inhóspito. Ecosistemas incompletos sencillamente se derrumban y con ello los servicios ambientales que prestan. Por ello una efectiva herramienta para la conservación de sitios críticos y de especial importancia por su diversidad biológica es la del establecimiento de reserva biológicas privadas, dedicando el predio en cuestión a la estricta conservación de su riqueza natural.
En la Sierra Gorda la primer reserva privada fue establecida en 1996, , cuando un bosque de niebla único en el estado, casa de especies que se encuentran en serio peligro de extinción como el chivizcoyo, las pavas cojolitas y magnolias endémicas, ubicado en las inmediaciones de la Joya del Hielo, comenzó a ser talado en un aprovechamiento forestal que lo iba a destruir por completo. Fue entonces que integrantes del GESGIAP se pusieron en contacto con los propietarios, quienes recibían por parte de los madereros un pago simbólico por la madera, por lo que accedieron a poner a la venta el predio en cuestión, naciendo la asociación civil Joya del Hielo A.C., instancia que pudo realizar la compra gracias a las aportaciones de sus 40 socios fundadores, en su mayor parte distinguidos conservacionistas de la Ciudad de México y académicos de la UNAM.
Posteriormente, con aportaciones de nuevos socios jalpenses, que decidieron involucrarse en la conservación de su tierra, así como de instancias como el People´s Trust for Endangered Species, World Park´s Endowment el Gulf Coast Gulf Observatory, el Comité Holandés de la IUCN y el World Land Trust (WLT) del Reino Unido se han adquirido otros predios donde el común denominador han sido su especial riqueza biológica, encontrarse a la venta por así convenir a los intereses de sus anteriores propietarios y el que se encontraban amenazados por las actividades productivas que se realizaban en los mismos.
Entre estos socios destaca el World Land Trust por contar con socios locales en más de 20 países, donde se está actuando de la misma manera comprando los predios para dedicarlos a la conservación y eliminar las actividades humanas que les hubieran despojado de la riqueza de sus ecosistemas y especies. La semana anterior tuve el honor de participar en un simposio organizado por el WLT al que acudieron representantes de sus proyectos en todo el mundo; desde Malasia, donde la ambición desmedida de grandes compañías está desplazando a los agricultores locales para sembrar palma de aceite y con ello aniquilar las selvas donde viven los orangutanes a conservacionistas armenios que protegen a los muflones, osos pardos y lobos a través de la compra de sitios estratégicos, o la urgente protección de los corredores biológicos para los últimos elefantes y tigres de la India a otros socios latinos de Venezuela, Brasil, Paraguay, Colombia o Ecuador, donde el común denominador es el retroceso de bosques y selvas para establecer potreros o cultivos ante el crecimiento desmedido de la población.
En todos los casos nos preguntamos hasta cuando podrán soportarnos ecosistemas en un fulminante retroceso ante la inercia que lleva el “progreso”. Se trató de un encuentro memorable, donde se intercambiaron experiencias, conocimientos y se conoce a otros conservacionistas que desde su trinchera están realizando actividades similares a las nuestras, sin otro fin que detener la ola de extinción de biodiversidad e intentar asegurar un planeta funcional en el mediano plazo.
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