Krisna Donaji Sánchez Ramírez
Entre la efervescencia de la edad y los sueños que fácilmente se confunden con metas se hallan las palabras que invitan a reciclar ideas y sentimientos, gustos, juicios, modas, discursos…se halla el silencio.
El silencio que nunca olvida a nadie aún cuando se le desprecie, el silencio que siempre me ha guiado y que en su espacio me ha mostrado los galimatías de que he sido objeto y las otras tantas de las que he abusado.
El silencio que culpa y halaga, el lenguaje perenne, el destructor, el transformador.
Esta mañana me entrego al mundo para que me juzguen desconocidos y me adjetiven amigos, hoy mi palabra es fuerte aunque dude aún de lo inquebrantable.
Me dispongo a abandonar el reciclaje de gustos y negaciones, me dispongo a ser, aceptando mi animalidad y racionalidad.
Que hoy no perderé la calma cuando escuche frases que quieran obligarme a desprenderme, hoy escucho atenta y reitero que soy un ser terrenal y que no pretendo más que entregarme realmente a lo que soy.
Y el silencio, mi acompañante.
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