En el Día Internacional de la Mujer

5 marzo, 2010 | Colaborador Invitado,Opinión | 5 han visto este texto.

Marismas

David Celestinos Isaacs

Volver a sentir tu piel, tu tersa piel. Volver a aspirar el aroma que se desprende de tu cuerpo, agridulce, picante, incisivo.

Mujer

Volver a oír tu música que hilvana palabras de amor, tierna y emotiva como una promesa de aguinaldos.

Volver a contemplar tus ojos, ojos de espejos con irradiaciones impensadas de azul turquesa. ¿Ojos nórdicos?

Y tus manos, manos extremidades de caricias y lianas que me envuelven y me apresan en un pálpito de goces.

¿Y tu cabellera? Volver a tener entre mis manos, en mis dedos, esa sedosa pelambre tan abundante, tan densa, tan abigarrada.

Volver en fin a posar mi mano segura en la curva de tu cadera izquierda, calmo, sin pasmo alguno, como posar la mano sobre el picaporte de la puerta.

Tu figura, a primer golpe de vista, me pareció como otras, la de una mujer de… ¿cuántos años? Una mujer en fin. No tan igual que las demás, sino más bien bella e interesante, como siempre.

Volver a extasiarme con tu sonrisa, pórtico de todas las dichas, y volver a contemplar como en un día de fiesta, esa hilera de perlas brillantes surgidas de un naufragio.

Pero, ¿cuándo fue la última vez que nos vimos? Mi memoria se ha vuelto densa neblina esparcida por el océano. Oteo el horizonte de mis recuerdos y sólo percibo siluetas danzantes en la bruma y acaso voces que se escuchan a lo lejos.

Mas lo importante es que estás aquí. No importa cómo llegaste, ni cuantas leguas pusiste de por medio. Tu barca, al parecer erró el rumbo, y sin querer, un golpe de suerte, un soplo divino —que sé yo— te trajo hasta mí.

¡Ay! ¿Por qué hasta ahora? Aquél que designa y traza caminos me obsequia con tu presencia, aunque tardíamente. Pero tú, todo lo renuevas. En ti no pasa el tiempo. Tú eres el tiempo mío.
El tiempo de mi nacencia. El tiempo de mi esperanza.

Volver a oír tu música que hilvana palabras de amor, tierna y emotiva como una promesa de aguinaldos.

Volver a cruzar los mares sombríos que te alejaron en frondas de vientos en la lontananza de mis sueños tempranos.

¿Cómo recibirte hoy entre cárdenas espinas flagelantes , que me acucian en este largo peregrinar?

Mi vida te la di toda. Toda mi energía de luz. Toda la fe de un creyente. Y bien, ¿he de cantar ¡ Aleluya ¡ por tu regreso?.

Mi dicha pasada, mi dicha convertida en quimera, la junto, junto a tu cuerpo, la arropo en tu regazo como a un niño recién nacido y te abrazo fuertemente para que no vuelvas a escaparte, para que no te difumines en el gris de la tarde.

La luna oval de tu cara y tus mejillas de carnaza me devuelven el firmamento perdido allá entre los tulares chaireleros, ¿te acuerdas?

Eras una moza recatada apenas sonriente, que me extendió su mano
como paloma herida sin mas testigo que el murmullo del agua.

Pero hubo un instante, sólo uno, en que los dos fuimos uno, mimetismo milagroso que nos sustanció a ambos, y alrededor nuestro todo fue redondo, arcano antiguo, arcano eterno.

Así bogamos por etéreas corrientes a través de los astros sin mas bagaje que nuestra emoción, sin mas argumento que la contundencia del acto.

Ya puedo alabarte. Ya puedo dejar los remos de mi barca y entrar en estas marismas de mi infancia. Ya llego a puerto.

Bendita seas mujer.

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