
Autor: Lic. Reynaldo Mota Molina
Correo electrónico: rmotmol_2@yahoo.com.mx
Por Lic. Reynaldo Mota Molina
Los acotamientos a la libertad de expresión de los medios de comunicación de pensamiento independiente y actitud no alineada al gobierno cada vez son más severos y evidentes aunque en el discurso oficial se pregone lo contrario.
Éstas son acciones típicas de los gobiernos totalitarios cuya naturaleza es intolerante a la crítica y al escrutinio, elementos a los que, por otro lado, todos los ciudadanos tenemos derecho en un país que se precia de ser democrático.
El gobierno dispone de todos los recursos, en forma absoluta, para ejercer el control dónde, cómo y cuándo quiere, desde la simple indicación de supresión de publicidad —cuestión básica de supervivencia en cualquier empresa, y los medios de comunicación son precisamente ésto, empresas que viven de sus anunciantes— hasta los sofisticados sistemas tecnológicos de la cibernética para bloquear accesos incómodos en el Internet, además de otras cosas.
De éstas y muchas más formas, no sólo algunos medios radiofónicos, de la prensa escrita y hasta de la televisión no comercial, sino directamente, periodistas, analistas, líderes de opinión y caricaturistas, son disminuidos y limitados en su alcance y penetración en la ciudadanía con la doble finalidad de, por un lado, acallar las voces que no están de acuerdo con las tropelías de los gobernantes ni aceptan los vicios endémicos de la corrupción y todo lo que conlleva y que tienen al país, hoy por hoy, en el umbral de la pérdida de su patrimonio energético y de la subyugación laboral, y por el otro, tener a la ciudadanía a merced de la información manipulada transmitida intensivamente a través de los medios aliados y alineados con el gobierno.
Los medios electrónicos de comunicación masiva —Televisa y TV Azteca— son los instrumentos más eficaces para difundir lo que el gobierno quiere decir, como lo quiere decir, aunque sean engaños, mediante estrategias que sus corifeos repiten “convencidos” incesantemente, secundados por la radio y la prensa comprada con canonjías y privilegios más allá de lo legal, además del Internet.
A pesar de todo ésto, cada vez son más los ciudadanos que no se conforman con estar cautivos en la red informativa servil y tendenciosa y buscan otros medios que sean confiables; ciertamente no quedan muchos, pero siempre habrá forma de tener acceso a la información veraz sobre las realidades de México.
Felipe Calderón no se da cuenta, o no quiere verlo, que en los primeros años del siglo XXI no es posible gobernar como en los inicios del siglo XX y que aquello llevó a una confrontación social que terminó en una revolución generalizada de la que aún quedan muchas secuelas; entonces ¿por qué insistir en querer tratar a los mexicanos como menores de edad que todavía no tienen capacidad para afrontar su propio desarrollo y se les traba con engañifas, abusos y atropellos?
Porfirio Díaz fue también acérrimo enemigo de la libertad de prensa —era entonces prácticamente el único medio de comunicación— y amigo fiel de los inversionistas extranjeros a quienes dio todo tipo de facilidades para explotar las entrañas de la tierra a través de la industrialización de la minería sin mayor beneficio para el país, pero al menos no entregó el territorio nacional como su antecedente, “Su Alteza Serenísima” Antonio López de Santa Anna a quien, al parecer, pretende amular Felipe Calderón con la entrega del patrimonio energético.
Ambos dictadores aborrecían la libre expresión de la gente y del incipiente periodismo discordante que fue perseguido, apabullado, pero nunca acallado totalmente. Ambos gobiernos también tuvieron su propia prensa para alabar su imagen y todo cuanto hicieran y deshicieran, y ya conocemos la historia.
Correo electrónico: rmotmol_2@yahoo.com.mx
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